La Comisión Europea prepara un paquete de ayuda financiera para ayudar a los agricultores a contrarrestar la subida de precios de los fertilizantes, alimentada por la crisis energética derivada de la guerra en Oriente Próximo (por el estrecho de Ormuz transitaba casi un tercio de las materias primas necesarias para fabricar fertilizantes). Este nuevo cortocircuito se suma a uno anterior: la fuerte dependencia de las importaciones de abonos de países como Rusia o Bielorrusia, que ya provocó una gran volatilidad en 2022 de la que la UE nunca se ha recuperado del todo. El Ejecutivo comunitario ha lanzado un plan de acción que incluye, como medida inmediata, un incremento “sustancial” de la reserva agrícola, el fondo de emergencia actualmente dotado con 450 millones de euros anuales integrado en la Política Agrícola Común (PAC). Junto a esa medida plantea otras “estructurales” para que la UE no vuelva a ser tan vulnerable en este campo debido a factores geopolíticos exógenos.
La transición hacia una economía más verde pasa, en buena medida, por transformar la manera en que se construye y se habita. Mejorar la eficiencia de los edificios y reducir su huella ambiental es un objetivo ampliamente compartido por los Estados que firmaron el Acuerdo de París de 2016, pero que avanza con menor brío del esperado. Pese a que la intensidad energética de los edificios se ha reducido en un 8,5% entre 2015 y 2024, se trata de un porcentaje tres veces inferior al que debería haberse dado para cumplir con los objetivos marcados hace una década.
La industria de alimentación y bebidas acusó en 2025 los efectos de los aranceles impuestos por la administración estadounidense que preside Donald Trump. Las exportaciones de este tipo de productos a Estados Unidos sufrieron en 2025 una contracción del 9,6%, hasta los 3.041 millones de euros, bajando un puesto, hasta el quinto, entre los países que más importan alimentos y bebidas españolas.
Cada vez hay menos jóvenes en España que ni estudian ni trabajan. Según los últimos registros de Eurostat, la proporción de personas de 15 a 29 años que ni están empleadas ni están cursando estudios se situó en 2025 en el 11,5%. Es medio punto menos que en 2024, lo que lleva esta cifra al mínimo desde que empiezan los datos de la oficina estadística europea (en 2002), incluso por debajo del nivel registrado en la burbuja del ladrillo. Los expertos asocian esta mejora a la combinación de la pronunciada caída del paro juvenil y, a la vez, del retroceso del abandono escolar, una doble tendencia que acerca a España cada vez más a la media de la Unión Europea (11%). La diferencia es solo de medio punto, la mitad que un año antes y muy lejos de la enorme brecha que se llegó a registrar durante lo peor de la Gran Recesión.

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