Ángela de Miguel, presidenta de CepymeEn 2025, cada día se aprobaron en España 3,5 normas. Una ingente carga burocrática a la que se tienen que enfrentar las pymes y que merman su crecimiento, porque el regulador cuando legisla “no piensa en pequeño”. Así lo sostiene Ángela de Miguel, presidenta de Cepyme, para quien existen otros grandes problemas que lastran la competitividad empresarial, como el absentismo laboral, que supone pérdidas de más de 30.000 millones de euros al año, y que se podría mejorar con ayuda de las mutuas en la atención de los procesos de incapacidad transitoria y una mejora en la inspección de las bajas de los trabajadores. (Para ver el vídeo completo de la entrevista, clicka aquí )
ENTREVISTA PUBLICADA EN LA REVISTA PYMESEGUROS Nº 152
Una queja recurrente entre los corredores es el exceso normativo al que se ven sometidos. ¿Es necesario tanto control sobre su actividad?
Muchas veces el legislador, cuando legisla, se olvida de lo complicado que es, de por sí, poner en marcha una actividad: hay que invertir, hay que adaptarse al mercado, hay que descubrir dónde puedes estar, hay que innovar… Y muchas veces nos lo complican de gran manera, especialmente en el sector de seguros que es un sector hiperregulado. Desde Cepyme no es que estemos en contra de la regulación, porque evidentemente tiene que haber una serie de normas que permitan competir, den garantías, ofrezcan seguridad a los clientes… El problema es cuando nos encontramos con una hiperregulación. Solo en España, el año pasado se aprobaron 3,5 normas diarias; es imposible para una pyme poder conocer esas normas. Eso hace que la vida sea realmente complicada. Es verdad que en Europa también tenemos un exceso normativo, pero mientras el 25% de las empresas europeas consideran que las trabas administrativas europeas son un obstáculo y un freno para el desarrollo de la actividad, en España es un 60%. La percepción que tiene la pyme de esta sobrecarga normativa es terrible y está dificultando el día a día de nuestras empresas y su crecimiento económico, porque, además, muchas veces nos encontramos con normativas fragmentadas, de poca calidad y que no se entienden.
Desde Cepyme y desde SME United, que es la patronal de las pymes europeas de la que yo soy su vicepresidenta, estamos trabajando para concienciar sobre el impacto tan negativo de este exceso de normas, y sin coordinación en muchos casos. En SME United tenemos un slogan que es ‘Think small first’ (‘Piensa en pequeño primero’), para que cuando se vaya a regular, se piense primero en el impacto que va a tener en las microempresas. Porque muchos de los problemas que tiene este sector es que el regulador muchas veces está pensando en grandes compañías de seguros y no se da cuenta de que hay miles de empresas a las que también les carga este exceso normativo.
Precisamente, un informe elaborado recientemente por Cepyme advertía que en los últimos cinco años han desaparecido 22.700 empresas en España, la mayoría microempresas. ¿Qué habría que hacer para revertir esta situación?
Estamos muy preocupados, aunque estamos en un entorno económico de crecimiento, cuando bajamos al dato micro vemos que las microempresas
están padeciendo por cuestiones como el exceso normativo, el aumento de costes laborales de más del 3% anual en los últimos años (cuando antes de la pandemia se estaba creciendo a un 0,3%) y, por supuesto, la presión fiscal que sufrimos. El esfuerzo fiscal de la empresa española ahora mismo es del 37%, cuando la media europea es del 25%. En la economía de escala, la empresa más pequeña esto no lo resiste y la cadena se está rompiendo en el eslabón más débil, que son las microempresas. Tenemos que regular bien y establecer medidas que permitan a la empresa pequeña nacer, crecer, sobrevivir y hacerse grande, porque todas las grandes, en su momento, fueron pequeñas.
El absentismo laboral es otro lastre para el crecimiento empresarial. ¿Cómo se podría disminuir?
Confluyen varios factores. Hablamos de más de 30.000 millones de euros, que es lo que cuesta el absentismo laboral a empresas y Estado. Y más de 1,2 millones de personas que cada día no acuden a su puesto de trabajo. Hay una parte cultural, que estamos viendo que hay más absentismo entre los menores de 30 años, que en los mayores de 55. Y luego hay otra cuestión, que es la gestión de la incapacidad transitoria, donde hay mucho por hacer. En los procesos de larga duración las altas no se producen en muchos casos por una mejora de la salud, sino por un transcurso de plazo. Esto significa que no tenemos suficientes profesionales en la administración pública para hacer esa supervisión de la salud de nuestros trabajadores.
Desde Cepyme proponemos que las mutuas puedan atender los procesos, sobre todo de traumatología y de salud mental, sin coste extra y liberando a la asistencia pública, porque la gestión de los procesos de las enfermedades en las mutuas se realiza prácticamente en la mitad de tiempo que el servicio público de salud. Y, por otro lado, habría que tener una inspección que controle la baja de esos trabajadores, para gestionarlo de forma más eficiente, como ya se está haciendo en Galicia, donde se está reduciendo el absentismo.
Incidiendo en la parte cultural, un informe de la Cámara de Comercio hacía hincapié en que la desmotivación juvenil afecta más al absentismo que el envejecimiento de las plantillas. ¿Cómo se puede incentivar a las nuevas generaciones?
Estamos en un momento de transición generacional, con una juventud que es donde existe una mayor brecha generacional respecto a las anteriores por el tema de la digitalización. Tenemos que ver cómo adaptarnos a una manera de ver el mundo diferente, la que tienen nuestros jóvenes. Es una reflexión que tenemos que hacer los que llevamos ya muchos años trabajando y que tenemos adaptado el mundo laboral a nuestra realidad. Otra cosa que es preocupante es la salud mental de nuestros jóvenes; tendríamos que acometer medidas de acercamiento hacia ellos, que son nuestro futuro. Les necesitamos activos, con nuevos proyectos e ideas para que puedan hacer crecer nuestras empresas.
La innovación y la digitalización se han vuelto imprescindibles en la actualidad, pero no todas las empresas pueden permitirse invertir en ello. ¿Cómo se puede favorecer su expansión en el tejido empresarial?
Para nosotros es uno de los grandes retos. En Cepyme, el pasado julio, creamos el Consejo de Digitalización de la Pyme y estamos trabajando para sacar el Libro Blanco de la Digitalización de la Pyme, con el que queremos hacer un diagnóstico de cuál es la realidad de nuestras empresas, para ver qué medidas son necesarias implementar. Es importante conseguir que nuestras pymes hagan el cambio de concienciación. Hablábamos de la brecha generacional, por lo que supone de cambio cultural que trae consigo la digitalización. Y eso lo estamos viendo las generaciones que nacimos analógicas respecto a las que lo han hecho en digital. La pyme cuando se transforma en digital no supone contar solo con una serie de herramientas, sino aprender a trabajar en digital. Hay que hacer mucha pedagogía con nuestras pymes para ser conscientes de que lo importante es hacer el cambio de mentalidad, y en eso nos pueden ayudar las nuevas generaciones.
En esta línea, la IA se está generalizando en las actividades empresariales. ¿Está clara hasta dónde entra la responsabilidad civil de la IA en la actividad de una empresa y hasta dónde la de los humanos?
Es uno de los problemas que tenemos con las automatizaciones. Ha surgido mucho con el tema de los seguros de Autos por los vehículos autónomos. Es verdad que cuando tenemos una auténtica revolución como la que estamos teniendo con la IA, la regulación siempre va por detrás, por lo que vamos a tener ciertos desajustes, que tendremos que ir observando y solucionando, y viendo cómo va evolucionando.
Hay que ser conscientes que las revoluciones siempre producen desajustes, porque supone un cambio de modelo y hay que ser muy conscientes de las disincronías que se producen en cualquier revolución. Tenemos que saber cómo adaptar nuestras normas a una realidad nueva que viene, pero hay que dejar que esa realidad se produzca, porque muchas veces queremos prevenir desajustes que pueden frenar los propios desarrollos.
El pasado septiembre se tumbó la tramitación parlamentaria que proponía la reducción de la jornada laboral a 37,5 horas semanales. Sin embargo, es un debate que sigue abierto en la sociedad. ¿Qué supondría para las pymes?
Nosotros no estamos en contra de la reducción de la jornada laboral. De hecho, en muchos convenios colectivos ya se está por debajo de las 37,5 horas. Lo que creemos es que hay un modelo estupendo en España que es el del diálogo social, en el que empresarios y trabajadores en función del momento y las necesidades que está viviendo su sector y su territorio van decidiendo cuáles deben ser las mejoras, se negocia y se pacta. Y es el modelo que recomienda la Organización Mundial del Trabajo, la Unión Europea…
España tiene uno de los mejores modelos, que cubre al 92% de los trabajadores. Donde se puede y cuando se puede, se está reduciendo la jornada, por eso estamos en las 38,3 horas de media. El problema es cuando hay una imposición del Gobierno, a todos los sectores, a toda España, sin valorar cuál es el impacto para las pymes. Evidentemente, para muchas de nuestras micropymes habría sido un impacto brutal. Si ya están desapareciendo muchas, si imponen una medida de este calado, sin negociar, sin conocer cómo está el sector, muchos de ellas, sobre todo las que lo están pasando mal, sufrirían mucho y terminarían cerrando.
Otra iniciativa que está en el aire, y que puede afectar al día a día de las empresas, es la implantación de sistemas digitales para llevar un registro horario más exhaustivo. ¿Beneficiará el sistema a la protección laboral de los trabajadores o supondrá otra traba más a las empresas?
Quien decide esa medida no conoce la pyme. La hiperregulación y el hipercontrol dificultan esa relación horizontal que existe en las pymes y en sus
relaciones laborales. Este tipo de medidas no solo tienen un coste económico que harían mucho daño a las pymes, un coste organizativo, problemas de implementación, reducción de flexibilidad que ya se tiene porque el modelo no lo permite… Y eso perjudica a los trabajadores, porque las relaciones laborales en las empresas pequeñas se basan en la confianza. Además, nos olvidamos del mundo rural donde no hay conectividad y nos olvidamos de empresas pequeñas que no están digitalizadas. Es absurdo porque no va a mejorar el día a día de las pymes.
También de actualidad es la imposición hace apenas unos meses de los aranceles por parte de EE.UU. a la UE. ¿Cómo está afectando a la internacionalización de las empresas?
Realmente el tema de los aranceles está teniendo un impacto directamente en todas las pymes que exportan a EE.UU.; el sector farmacéutico, el químico, el agro se están viendo muy afectados. Luego hay una segunda pata que son la cantidad de pymes que son proveedoras de empresas alemanas y francesas, porque Europa es nuestro principal destino de exportación, y a ellas sí les afectan mucho los aranceles, porque exportan más al mercado estadounidense. Y luego hay una tercera parte de cómo afecta a las pymes y es cómo se está ralentizando la economía global, y eso nos perjudica a todos, exportemos o no. Se está produciendo un cambio en el modelo de economía global que está incrementando la incertidumbre. La pyme tiene que aprovechar oportunidades para buscar otros mercados, fortalecer la economía europea para que crezca su peso en la economía global. Hay que estar muy atentos para intentar paliar y corregir sus efectos. Evidentemente, los aranceles impuestos por Trump afectan mucho a las pymes españolas en cualquiera de los tres niveles.
Otra necesidad para las pequeñas empresas si quieren prosperar en la actualidad son las políticas de responsabilidad social corporativa (RSC). Las mayores exigencias normativas a este respecto, ¿lastran o impulsan la competitividad de las compañías?
La empresa española, y en particular la pyme, lleva muy dentro lo que es la RSC, aunque muchas veces no lo llamemos así o no lo tengamos implementado en protocolos. El problema no es tanto la RSC, sino la carga burocrática enorme que hay que hacer para cumplir con una serie de normas que puedan venir de Europa. Realmente eso es lo que cuesta, porque implantar las medidas realmente va a mejorar la competitividad. Un modelo eficiente es aquel en el que analizamos nuestras empresas y vemos qué hacen en materia de RSC, cumpliendo con las ODS, la sostenibilidad, la aplicación de la conciliación laboral, el compromiso con el entorno… Que no nos digan que no tenemos RSC, porque es consustancial a las empresas, que creamos empleo, generamos riqueza, pagamos impuestos, mantenemos el estado de bienestar….
El problema es que cuando se diseñan las políticas, muchas veces, no se sabe si están para impactar y mejorar la sociedad o hacer un montón de papeles para decir cómo lo tenemos que hacer. Y eso sí que tiene un coste importante para las empresas, de personal, de horas… y lastra la competitividad de las pymes. La más pequeña no puede competir y está cerrando.
En este sentido, resultó un hito que usted fuera la primera mujer en convertirse en presidenta de Cepyme. ¿Cómo están cambiando las empresas con la mayor llegada de mujeres a puestos de responsabilidad?
A mí es una de las cosas que me encanta de ser española. Estamos en el 15º aniversario de una empresa, Pymeseguros, dirigida también por una mujer, por lo cual estamos viéndolo cada vez más con absoluta normalidad. En los distintos indicadores internacionales, cuando se habla de igualdad, España siempre suele estar entre los cinco primeros países. Y eso significa que la empresa española está comprometida con la igualdad. A mí me ha votado la empresa española y les ha parecido fantástico tener una mujer al frente. Y la mayoría que me han votado son hombres, porque es cierto que todavía hay más representatividad masculina, los hombres tienen más tendencia a estar en estos órganos, algo que está cambiando mucho, porque yo cuando empecé hace once años como presidenta de la CEOE de Valladolid éramos muy pocas; y cada vez somos más. La empresa española es muy meritocrática, valora la diversidad y el talento, y lo elige sin tener en cuenta el género.
Acabamos de inaugurar 2026. ¿Qué pueden esperar las pymes de este año? ¿A qué retos se enfrentan?
Tenemos un contexto de crecimiento que están aprovechando muy bien las grandes empresas; es importante que las pymes veamos cómo ganar dimensión, que tengamos ambición de crecer. Hay que internacionalizarnos, digitalizarnos y aprovechar todos los momentos que puedan ser buenos. Es un momento complicado y de cambio, pero el ejemplo de Pymeseguros está ahí, empezó en una línea editorial y se dio cuenta que se demandaba una especialización en un sector como el de las corredurías de seguros. En entornos y coyunturas complejas como los actuales, para la pyme es una oportunidad porque tenemos una flexibilidad mucho mayor que las grandes empresas y tenemos más capacidad de adaptarnos. Tenemos que trabajar en esa línea en 2026.
Uno de los principales objetivos de Ángela de Miguel para su mandato, que comenzó cuando en mayo pasado la asamblea de Cepyme la eligió como nueva presidenta de la institución, es el concienciar a la sociedad y que se conozca la realidad de lo que están viviendo las micropymes (cuya situación le preocupa mucho), así como “crear un ecosistema que favorezca el emprendimiento”. “Estoy viajando por toda España porque quiero conocer la realidad de todas las pymes, de todos los sectores; es muy importante que todos estemos unidos”, sostiene. De tal modo, que cuando un ciudadano vaya a su corredor de seguros, “que es el que le ayuda y le gestiona todos sus riesgos”, se dé cuenta de que es una empresa, y que cuando se habla de poner normas a las empresas, “se las están poniendo a su corredor. Y lo mismo cuando va a comprar el pan, y lo mismo cuando lee Pymeseguros, porque al final hay una empresa detrás”. Por eso considera que uno de los principales problemas es que no se está visibilizando esta situación: “Si cuando se hace una norma no se visibiliza a los 3,2 millones de pymes que somos en España, nos vamos a seguir encontrando con una legislación que no está pensada en pequeño, y está haciendo que nuestro día a día sea complicado y muchas tengan que cerrar”, se lamenta.
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