En un contexto en el que casi la mitad de las empresas españolas registran problemas para cubrir vacantes, el teletrabajo se ha convertido en uno de los principales 'anzuelos' para atraer candidatos. Pero lo que muchos ven como un avance, consecuencia de la digitalización y de formas de trabajar más flexibles, esconde a menudo otra realidad: la debilidad para ofrecer un salario verdaderamente competitivo. Esto se traduce en una sorprendente paradoja: las empresas españolas son líderes en publicar anuncios para trabajar en remoto, con una ratio del 22,4%, pero están entre las que menos informan de los sueldos que percibirán los candidatos. Solo lo hacen en un 17% de las ofertas, un punto porcentual menos que hace un año, a pesar de que una directiva europea que entrará en vigor en junio en la UE les obliga a ello.
Según los datos de Indeed, España aún publica un 48,8% más de ofertas que antes de la pandemia, un porcentaje solo superado por el 51,1% de Italia y que contrasta con el notable declive en el resto de Europa. Aun así, la evolución de los sueldos que recogen las vacantes que sí aportan esta información apunta a un notable enfriamiento en nuestro país, ya que los salarios que detallan las ofertas quedan por debajo de los de los convenios. Es decir, las empresas siguen teniendo problemas para contratar, pero ya no pueden mejorar más las retribuciones para atraer trabajadores.
Esto explica que los empleadores tiendan a 'esconder' la información salarial en las posiciones mejor retribuidas. Esto les permite abordar desde una mejor posición la negociación con el candidato, si bien este suele partir de una situación de desventaja, ya que no conoce todos los detalles de la oferta. A cambio, se le ofrecen condiciones no salariales más ventajosas, como la posibilidad de teletrabajar, presentada a menudo como una forma de flexibilidad que facilita la conciliación. Es decir, más parecida a un "beneficio social" (o el mal llamado 'salario emocional') que a una modalidad productiva.
Esto estaría inflando la oferta de teletrabajo. Según los últimos datos de Indeed, España es el país europeo con mayor porcentaje de vacantes que mencionan el teletrabajo total u ocasional (la denominada "jornada híbrida"). El 22,4% de nuestro país supera con creces el 19,8% de Irlanda, el 17,7% de Reino Unido, el 14,8% de Alemania, el 11,9% de Italia o el 11,6% de Francia o el 10,2% de Países Bajos. Nuestro país lleva encabezando este ranking desde 2021, con un incremento sostenido desde entonces que ni siquiera el notable incremento de Irlanda o Reino Unido ha logrado amenazar. Una evolución sorprendente, pero ¿significa que nuestro país es un líder de teletrabajo en términos efectivos, o solo a la hora de publicar ofertas?
El hecho es que, también en las posiciones en remoto, una cosa son los anuncios de empleo y otra la realidad de los asalariados. Casi todos los países mencionados tienen una tasa de empleados que teletrabajan muy superior a la española, que apenas llegaba al 12,8% a cierre de 2024 (últimos datos disponibles en Eurostat). La única excepción es Italia, que anotaba un 9%.
Sin embargo, Alemania marca un 22%, Francia un 29,9%, Irlanda un 33,8%, Países Bajos un 47,4% y Reino Unido, según los datos de su oficina de estadísticas laborales (ONS), alcanza el 40%. Una notable discrepancia entre las ofertas y los puestos de trabajo existentes que se suele explicar por dos factores.
El primero, que en los países en los que hay un elevado peso del teletrabajo, en cualquiera de sus modalidades, destacar esta opción es redundante. Solo en aquellos países en los que tiene un peso reducido vale la pena mencionarlo. El segundo es el 'sesgo' en las ofertas hacia los 'white collar' o trabajadores de escritorio, con mayores posibilidades para teletrabajar. España ha vivido una fuerte creación de empleo desde 2021 que también ha elevado el peso de estos puestos, lo que se refleja con más fuerza en las ofertas para trabajar en remoto.
Pero también influye la regulación: la ley del teletrabajo en España obliga a las empresas a asumir los gastos del trabajador en remoto superado el umbral del 30% de la jornada durante tres meses. Esto explica un notable repunte del teletrabajo híbrido u ocasional, que afecta al 49% de los trabajadores, un porcentaje que se sitúa en línea con Alemania o Irlanda (que superan el 50%), aunque se aleja del 19,8% de Países Bajos o el 29% de Francia. La cuestión es si las empresas consideran esta fórmula como un tiempo de trabajo productivo o un simple beneficio social.
Porque el hecho es que esta demanda de profesionales de alta cualificación no se ha traducido en mejorar la información que más interesa a los candidatos: la retributiva. De hecho, expresiones vagas como "salario ajustado o convenio" o "sueldo competitivo en función de la experiencia" siguen figurando en la mayoría de las ofertas.
Como decíamos, en nuestro país solo un 17% de las ofertas incluyen información de los salarios, el segundo porcentaje más bajo después del 13% de Alemania. La diferencia es que mientras las empresas germanas en nuestro país este indicador lleva años estancado e incluso ha retrocedido ligeramente, desde los niveles del 20% que llegó a anotar hace dos años. En ese tiempo, Italia ha pasado de 'empatar' con nosotros a disparar su tasa de transparencia al 30%.
Los expertos de Indeed hablan de un estancamiento general en el último año, a la espera de la entrada en vigor de la directiva europea de transparencia salarial, que todos los países europeos deberían haber incorporado a su legislación nacional el 7 de junio de 2026. Aunque la complejidad de la norma y la situación política en países como Francia y, por supuesto, España hará que muchos de los países no cumplan este plazo.
Como hemos contado en elEconomista.es la directiva 2023/970 obliga a las empresas a atender la demanda de información de cualquier trabajador sobre sus sueldos en relación con sus compañeros y a corregir cualquier diferencia que no esté justificada con criterios objetivos y neutros que tendrán que aparecer por escrito. Además, se obliga a aportar información de la banda salarial de todas las ofertas de empleo, aunque el alcance de esta medida está sujeto a debate.
Patronal y sindicatos sostienen que esta información ya está fijada en los convenios, lo que explica el reducido peso que tiene en las ofertas españolas. Algo similar ocurre en Alemania, un país con un fuerte peso de la negociación colectiva centralizada. Sin embargo, este efecto no se produce en Francia, también con un elevado peso de los convenios. La clave, de nuevo, parece estar en el tipo de empleos.
El economista jefe de Indeed, Pawel Adrjan, aseguraba el pasado mes de febrero, en declaraciones a elEconomista.es, que este "estancamiento" oculta "tendencias divergentes según la categoría profesional". "Entre 2019 y 2024, la transparencia salarial ha aumentado en sectores con remuneración baja y media, como el transporte, los servicios de cuidados personales, la logística y la hostelería. Al mismo tiempo, ha disminuido en ocupaciones con salarios más elevados como la informática, la sanidad, las finanzas y otras categorías profesionales y técnicas", incidía el experto.
Este aumento del "secreto salarial" en los puestos mejor pagados es precisamente la estrategia con la que quiere acabar la directiva europea. La tesis es que la negociación 'privada' entre empresa y candidato resta poder a este último para mejorar las condiciones. Lo cual perjudica especialmente a las mujeres y explica buena parte de la brecha de género en puestos de nivel medio y directivo. El desafío que supone puede ser un problema relevante para las empresas en la 'guerra por el talento' que, según datos del Banco de España, a cierre de 2025 afectaba al 48% de las empresas.
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